Confucio

El señor Kong fue hijo de una familia de la pequeña aristocracia de la casa ducal del reino Song y nació en 551 antes de nuestra era en la actual Que fue, entonces parte del reino de Lu. Su padre murió cuando el niño tenía tres años, dejando la familia en la pobreza. Confucio tuvo dos empleos de bajo rango en su juventud y luego se dedicó a la enseñanza. Sólo cuando tuvo cincuenta se le dio un puesto de alguna importancia, pero cuatro años después renunció para recorrer con sus discípulos varios estados durante catorce años. A los sesenta y ocho regresó y se dice que dedicó su tiempo a revisar El libro de las odas. El libro de la historia, El libro de los ritos, El libro de la música y Los anales de la primavera y el otoño. Murió en 479 a los setenta y tres.

Todavía se afirma que Confucio fue la primera persona que se dedicó en China a la enseñanza privada y existe la leyenda de que tuvo tres mil alumnos, cifra inconcebible. También parece leyenda lo de la revisión de los libros clásicos, pues no escribió no glosó nada. Escribir libros a nombre propio y o por encargo oficial, fue una práctica que apareció sólo muchos años después de su muerte.

Quería que sus seguidores fueran “hombres perfectos”, útiles para el estado y la sociedad y para ello usaba de los libros tradicionales, que interpretaba a partir de sus concepciones morales. Conservador, otra una las claves de sus enseñanzas reside en la necesidad de rectificar los nombres, que con el uso y el abuso, han perdido las cosas y los actos. Para que gobernante y no un mercader; un mercader debe negociar con productos y no ser un sastre; un sastre debe hacer vestidos y no matar y salar cerdos, etc. Entonces las cosas volverán por su fuero natural y no perdurará la rebelión ni la confusión.

El otro legado de Confucio, entre los varios que perduran, se refiere a la necesidad de que cada uno haga las cosas que moralmente son correctas y no confunda la justicia con el provecho. Hacer cosas por consideraciones no morales, aun cuando se haga lo que se debe hacer, conlleva al fracaso y la ruina de por vida.

La guía cuenta una historia para ilustrar el precepto: “Una mujer había sostenido, desde su juventud, una relación con un hombre a quien nunca había amado, pero a quien había complacido para someterle. En la Casa de Negocios con el Mundo Exterior conoció a un viajero de un país lejano que le prometió hacerla su esposa y la invitó a visitarle. Ella aceptó, pero al llegar al nuevo mundo cambió de parecer y se fue con uno que nunca había visto pero que le ofrecía comodidades y rango. Aquel primer hombre escribió varias veces a la mujer pidiendo su regreso, pero ella no quería volver porque había empezado a odiarle. Entonces el hombre abandonó también el país y consagró sus esfuerzos a la búsqueda de la riqueza sin importarle los medios para demostrar a la mujer que él también podía ofrecerle las comodidades que tenía con su nuevo protector. Cuando la mujer entendió que su primer hombre ya estaba listo para ofrecerle las bienes de este mundo, abandonó a su vez al tercero, que ya le amaba, y dejó de nuevo un camino de dolor en el regreso. Volvió a su pueblo, casó con el provechoso y ambos conocieron el asco de vivir bajo la sospecha del mutuo engaño y abandono de la virtud”.