Gengis Can

Nacido en 1167 en la orillas del río Onon en Mongolia, quien sería Gengis Can primero se llamó Temujin. Era la época en que las tribus recorrían los vastos territorios enfrentándose unas con otras y también la hora cuando los regentes de la dinastía Jin explotaban a los mongoles.

Temujin creció en las estepas, sobreviviendo y compitiendo entre el azar, el odio y el miedo. Un día, cuando tenía nueve años, luego de un altercado con su hermano menor acerca de un pájaro y un pez, le dio muerte un solo disparo de su arco. Su formidable poderío comenzó cuando logró unificar y organizar las fragmentadas tribus mediante las alianzas, matrimonios, juramentos de hermandad y anexiones militares. Combinando rudeza, astucia, disciplina, organización y habilidad para atraer y retener lealtades eliminó a sus enemigos y puso bajo su mando a los Tártaros, Kereites, Naimanes y Merkites.

Para 1206 ya había sido nombrado jefe supremo. Ese mismo año Gengis Can emitió un código con leyes básicas para la corte, el ejército, la nación y la vida civil, el comercio y penas para delincuentes y criminales. Leyes que tuvieron influencia en las primeras instituciones rusas, dominadas por los tártaros por más de doscientos años.

Rompiendo con las distinciones tribales el Can dividió el imperio en 95 estados de 1000 familias y a su vez subdivididas en 100 y estas en 10. Nobles fueron colocados en cada nivel como jefes políticos, económicos y militares. En esas unidades los mongoles eran igualmente guerreros y ganaderos. Pagaban impuestos a los nobles, alimentaban su ganado, ordenaban sus vacas y hacían donaciones con trabajo gratuito en tiempos de paz. Cada uno poseía, sin embargo, sus propios caballos, arco y armadura y estaba listo para convertirse de pastor en un formidable combatiente.

Habiendo unido a los mongoles Gengis Can decidió hacerse conquistador y en 1207 adelantó las sangrientas campañas que conquistaron la dinastía Jin, el reino musulmán de Khorezm y el reino de Xi Xia, creado por los tangust tibetanos al este de las provincias Gansu y Qinhai. Justificaba sus conquistas por el solo placer de las victorias. “El más grande placer que puede recibir un hombre -dijo- es el gozar de la victoria -conquistar a nuestros enemigos, perseguirles, privarles de sus posesiones, hacer que sus seres amados lloren, montar sus caballos y abrazar sus mujeres e hijas”.

En tiempos de Gengis Can los mongoles llegaban al millón. 125 mil de ellos dedicados al ejercicio de la guerra. Con tan pocos recursos el Can llegó a ser casi el Amo del Universo. Una explicación de su poderío puede encontrarse en la enorme capacidad de esos soldados para resistir prolongadas travesías, cambiando constantemente de caballos, y cubiertos de la cabeza a los pies con pieles. Durante la campaña de Hungría conquistaron unas 270 millas en tres días, llevando bolsas de piel con agua que inflaban para cruzar los ríos, y cuando el agua escaseaba bebían la sangre de sus caballos. Los mongoles fueron maestros en la táctica y en hacer eficaces retiradas, en espionaje y en la guerra sicológica. Hacían pedazos a sus enemigos causando un espantoso terror. Además, adoptaron armas chinas como las catapultas y sabían construir túneles en las murallas, que luego llenaban con pólvora y explotaban.