Las mujeres en China Liu Shisteng, una maestra de escuela secundaria, ha publicado un libro sobre las mujeres en la antigüedad y afirma que los primeros emperadores fueron mujeres. Huandi, Yandi y Yao, cuyas estatuas están en todas partes representadas como hombres, no habrían sido otra cosa que caudillos femeninos durante los tiempos del matriarcado. Las mujeres además habrían descubierto y conservado el fuego, desarrollado numerosas técnicas agrícolas y artesanales, pero sobre todo, inventado los ideogramas, pues ellas, a diferencia de los hombres, permanecían en el hogar mientras aquellos salían de caza. Todavía durante la dinastía Shang (siglos XVI/XI antes de nuestra era) las mujeres tuvieron cargos de importancia en los gobiernos y podían adminsitrar sus bienes y conducir sus negocios. Fu Hao, general del ejército en aquellos remotos tiempos de los Shang, fue enterrada con doscientas piezas de bronce y unos quinientos de jade, simbolizando así su poder. El fin del matriarcado habría comenzado con la dinastía Zhou (siglo XXI - año 476 antes de nuestra era) cuando derrotaron al último de aquellos reyes que había pasado la mayor parte de su vida dedicado a servir a su hermosa concubina Su Dan, dejando que en las sombras ella condujera toda una legión de criminales y corruptos que llevaron la dinastía Zhou a la ruina. La historia escrita por hombres acusa a Su Dan de ser la causa de la posterior prohibición de las mujeres para ejercer puestos públicos, relegándoles a la cocina y los asuntos del hogar y exigiéndoles fidelidad matrimonial. Según la señora Shisheng, Confucio habría recopilado esas doctrinas y prácticas que ejercen tan notable influencia en esta cultura hasta nuestro días. Todo milenio que ahora concluye ha sometido a las mujeres y las ha tratado como niños. Las mujeres han tenido que obedecer a sus maridos, a los jefes de sus clanes y sacerdotes pero sobre todo a los emperadores. Ya desde los tiempos de Confucio una mujer no podía volver a casarse si enviudaba y raramente podía elegir por sí misma marido. La señora Shinsheng dedica cuatro crueles capítulos de su libro al estudio del sistema de concubina, uno de los métodos más crueles de trato a las mujeres desde la antigüedad. Bajo este sistema las mujeres eran trasladadas a las cortes imperiales y obligadas a llevar una vida solitaria, alejadas de sus seres queridos, sirviendo de aparatos de reproducción para prolongar la casta imperial. Si pensamos que un emperador podía tener unas quinientas concubinas, muchas de ellas envejecían y morían sin haber visto el rostro de su amo. La autora recuerda cómo durante el reinado del primer emperador Qin Shi Huang mil mujeres que servían como concubinas, sirvientas y criadas fueron encerradas vivas en el inmenso mausoleo y luego se les cubrió con toneladas de tierra, como si fueran otras tantas de esas piezas de terracota que han encontrado los arqueólogos en estos últimos años. La tumba del emperador todavía no se ha abierto y se cree que el espectáculo será de horror: bajo tierra deben estar conservados los cuerpos de miles de seres que hacen parte del escenario cotidiano que quiso reproducir el fundador de China. Unas noventa mujeres notables por su belleza, astucia y poder son estudiadas en detalle en las trescientas noventa y cinco páginas de Una historia de las mujeres en la China antigua. Dos de ellas se destacan: La emperatriz Lu, de la dinastía Han del Oeste y Wu Zetian, de la dinastía Tang, notables gobernantes en épocas de grandes decaimientos. Pero si los hombres chinos han prohibido a las mujeres el acceso al poder hasta nuestros días, y aun cuando la señora Shisheng no lo recuerde, un dicho popular dice que en China “los hombres tienen el poder pero las mujeres chinas son una de las comunidades femeninas más dominantes del mundo. De allí su éxito en el amor y en sus largas vidas. Que en China han dominado a sus hombres lo demuestran recientes libros sobre la vida de Mao y Deng, donde sus mujeres, escasamente mencionadas en vida, gozan de una prolongada figuración tras sus muertes reales o civiles. De manera que este libro de la señora Shisheng es apenas un abrebocas de esta historia secreta del poder en China. |