Los viejos en Beijing
Se cree que en Beijing hay más de un millón doscientos mil personas mayores de sesenta años, pero si se incluyen, además , los que se han retirado antes de la fecha que autoriza la ley, la cifra alcanzaría el millón y medio, un veinte por ciento del total de la población de la capital. Para ese impresionante número de desocupados el municipio ha construido unos doscientos cincuenta centros para actividades culturales a los que hay que agregar las treinta y cinco universidades donde se pueden usar los campos y algunas veces las aulas para recreación. En esos lugares se imparte enseñanza de gigong, floristería, caligrafía y pintura. Pero la gente que asiste es muy poca porque los beijineses no han tenido tiempo de adaptarse a los nuevos sistemas de vida que trajo la destrucción de la vieja ciudad hace unos doce años, cuando desaparecieron las Casas de Té donde se reunían los viejos para contar historias, jugar ajedrez, y pasar de una u otra forma el tiempo de las tardes y las noches. Se puede decir que de todas las Casas de Té apenas quedan en pie la de Qianmen, dedicada a la memoria del dramaturgo Lao She y otra en el Parque Longtan, pero ambas son costosas y atienden a turistas. Por eso miles y miles de viejos -hombres casi todos- han decidido tomarse los parques y algunos hutones y templos para reunirse con sus colegas de edad. Durante el día se dedican a cuidar y hablar de sus pájaros, que llevan en pequeñas jaulas redondas, y a quienes enseñan a cantar. Luego, cuando llega la tarde, se van congregando para jugar a las cartas, al dominó, al ajedrez y para cantar arias de la ópera de Beijing. Son llamados “Los ángeles de la noche” porque permanecen hasta altas horas, esperando, la mayoría, que sus hijos se hayan acostado y así puedan regresar a casa sin causar molestias a las nuevas o viejas parejas, a sus únicos nietos que no les entienden o simplemente porque la vida entre contemporáneos tiene mayor sentido que ver televisión o tener que lavar los platos después de la cena. Lo cierto es que esta vejez de un millón y medio de almas es molesta y penosa porque son además pobres: la mayoría de ellos apenas recibe 100 yuanes al mes. |