|
Una viuda temporal
El recurrente tema de la separación que aparece en la poesía china puede considerarse un dolor social que llega hasta el presente. Vivir lejos de sus hogares ha sido una de las desgracias humanas más referidas en los poemas chinos pues a una gran mayoría de los intelectuales se les ha apartado de sus padres, esposas, hijos y tumbas de los antepasados si querían ejercer algún puesto sobresaliente entre el aparato del estado. En el pasado remoto los letrados y altos oficiales pasaban buena parte de sus vidas apartados de sus seres queridos porque les estaba prohibido ejercer en sus lugares de origen, o porque eran exiliados a remotas regiones por sus enemigos políticos y sociales. En otros casos las parejas debían separarse si, como hoy, uno de ellos quiere mejorar de posición social o estudiar. Liu Shou Nu Shi, “Una viuda temporal”, del director shanghaines Hu Xueyang explora en las vidas y sentimientos de los miles de mujeres que se quedan en casa a la espera de sus maridos que han partido al exterior para trabajar en cargos oficiales, en industrias de ultramar o simplemente para adelantar estudios universitarios. Es este el primer filme chino que trata sobre las dificultades, los dolores y vergüenzas que viven las esposas que se quedan en casa a la espera del regreso, muchas veces imposible, de sus maridos. Filmada en la metropolitana Shanghai, tiene como heroína a Nai Qing, una silenciosa e inteligente médico cuyo marido se ha ido a San Francisco a estudiar. El único vínculo emocional que tiene la pareja son los escasos cinco minutos de conversación telefónica de cada semana. Una noche, luego que ha oído que un terremoto ha asolado a San Francisco, Quing llama ansiosa a su marido pero la voz que le responde no es la de él sino la de una mujer desconocida. Días después un hombre que viene de América la visita para pedirle “ayuda” pues según dice, el esposo de ella y su mujer se han ido a vivir juntos. El mundo de Nai Qing se rompe en pedazos. Casi al mismo tiempo Nai Qing ha conocido a un taxista, Jia Dong, cuya mujer trabaja en Japón y caen el uno en brazos del otro. El dolor de la médico encuentra alivio en su relación con Dong hasta el día en que la mujer de este regresa de visita. Cuando Qing, que está embarazada, llama un día a Dong, vuelve a escuchar una voz e mujer que desconoce, pero que esta vez le dice que es la esposa de su amante. De nuevo Nai Qing siente que todo a su alrededor está roto: ha perdido a su esposo, a su amante, se ha perdido a sí misma. Con el corazón destrozado se sobrepone a sus desgracias y va a Estados Unidos para hacer frente a su marido y recuperarlo. “Una viuda temporal” cuestiona el creciente problema social de las separaciones forzosas. Se cree que solo en Shangai hay unas diez mil viudas temporales y en toda China unas cuarenta mil parejas separadas por similares circunstancias. Sus maridos estudian o trabajan en los Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia, Canadá, América Latina o Australia mientas ellas cuidan a sus padres y sus pequeños hijos. Algunas llegan a conocer la reunificación luego de años de separación, pero muchas siguen padeciendo por años. Otras resuelven rehacer sus vidas buscando nuevos compañeros, pero la mayoría, siguiendo las normas de la tradición, escrupulosas esperan y esperan sin resultado alguno. El filme también demuestra como somos nosotros mismos quienes tenemos nuestro destino en las manos y cómo nadie más que nosotros podemos decidir qué hacer con él. Y que la sociedad, de una manera do de otra, debe respetar nuestras decisiones, sean correctas o no. En “Una viuda temporal” todos los personajes han elegido o están a punto de elegir sus propios destinos. Liu Shou Nu Shi no sólo trata un tema de viva actualidad sino que usa de los colores y sabores de Shangai para trasmitir los sentimientos de los personajes. En una ciudad sin color donde lo occidental y oriental se mezclan de manera inusual, Hu Xueyang se sirve del taxista Jia Dong para mostrar sus alrededores y se detiene por momentos en ciertos lugares para hacer contrastes entre la vieja y la nueva ciudad, entre lo tradicional y lo exótico, entre lo pasado de moda y la moda misma. El gris y el azul son los colores básicos del filme. La lluvia y el humo van y vienen a medida que los sentimientos de los personajes entristecen o adquieren alguna esperanza, mientras que el uso de emi¬siones de radio y música de canciones populares crean la atmósfera contemporánea. Cuando pregunté a Hu Xueyang, durante la premier de “Una viuda temporal”, cuál sería el propósito ulterior de su película, dijo que había querido mostrar el proceso de auto-identidad que viven las comunidades citadinas hoy: “Quiero hacer ver cómo la locura de irse al exterior hace que estas mujeres hagan frente a la realidad y descubran sus propios valores luego de padecer confusión y frustraciones. Mira el caso de Nai Qing. al principio está satisfecha con las conversaciones que sostiene a larga distancia con su marido, pero cuando se da cuenta de su infidelidad, busca un sustituto que termina por ponerle en camino de sí misma, liberándole del primero y del segundo, haciéndola una mujer independiente”. Hu Xueyang tiene veintiocho años. Ingresó al departamento del Instituto Fílmico de Beijing en 1985. Su trabajo de grado fue una película titulada “Recuerdos de mi niñez”, con la que ganó una medalla de plata en un festival de cine internacional. En q989 fue nombrado director de los Estudios Fílmicos de Shangai. “Una viuda temporal” es su primer largometraje. |