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Poesia y
erotismo Amar es el dolor más intenso en la historia del hombre. Dicha y sufrimiento se dan cita en los encuentros amorosos pues de ellos obtiene, con su comercio y posterior renunciación, el conocimiento de la sabiduría. Pero quien se niega a someterse a la búsqueda de los deleites que depara la Belleza, no sabrá del don de la Poesía, abisal refugio donde el individuo ve para siempre su eternidad. Pues ningún otro deseo está mejor ligado a la imaginación que el Amor. Por él, hombres y mujeres se sobrepasan a si mismos y quieren integrarse al Cosmos. Fosa de la vida, el cielo y el infierno, su realización es tan honda que conduce hasta la negación de la existencia como expresión suprema de la entrega al Otro y la Otra que no somos. Muerte sin fin, el Amor nos posee para hacernos desaparecer a medida que nos es devuelta la perdida unidad paradisiaca de cuerpo y espíritu, despertando nuestras fuerzas de ángeles y bestias.
En Fedro, Banquete y Fedón, se discurre sobre Eros como uno de los demonios que con mayor poder dominan al hombre. Actuamos porque un delirio nos posee, nos hace predecir el mañana, mediante la destilación de una inspiración que ve el futuro en los restos del pasado. Amor enloquece porque nos hace recordar las ideas que vimos en otros tiempos. Entonces despreciamos lo que los desposeídos por Eros no ven y nos toman por locos. Al ver un cuerpo que nos atrae y repele sentimos terror. Al contemplarlo más sufrimos Amor, hambre de Belleza que nos lleva de un cuerpo a otros cuerpos hasta que dar con el equilibrio total de la Sabiduría, hija de la andrógina Luna de Aristófanes. El Occidente cristianizado reconoció el erotismo gracias al Diván al-Hamasa de Abu Tammam ; las Mu’alaqat, o «siete qasidas doradas» de Hamad; y los gazales de Omar ibn Abí Rabí’a , Abu Nuwãs , Ibn Hazm y Al’Mutamid , autores de las antologías y poemas eróticos más influyentes entre las minorías que los conocieron, mientras leían a Platón y Aristóteles, en las universidades europeas medievales, atraídos, ante al espantoso infierno e inconcebible cielo de Pedro y Pablo, por la promesa de placeres sexuales, más allá de la muerte, que había prometido Alá sus adictos. Abu Muhammad’Ali ibn. Hazm fue descendiente de una familia visigoda o persa y su padre había sido ministro de la corte omeya. Su juventud coincidió con la caída del califato de Córdoba. Después de intervenir en un intento fracasado para restablecer el califato, se retiró de la política y se dedicó a las ciencias y la poesía. Se le atribuyen unas cuatrocientas obras. Entre ellas sobresale El collar de la paloma. Ibn Hazm desarrolla en este libro una filosofía del amor, —en treinta capítulos dedicados a su naturaleza fenomenología, relaciones, penas, alegrías, obstáculos, medios, desviaciones y virtudes—, donde la atracción mutua de dos seres, si es de naturaleza duradera, pone de manifiesto una afinidad electiva de las almas, que existiría desde la eternidad. Idea que se encuentra bien arraigada en el Islamismo y se relaciona con un decir del Profeta según el cual las almas están emparejadas desde el origen y en la tierra sólo reconocen su analogía, sin importar el sexo. El tratado está redactado en prosa y verso, demostrando las habilidades del autor en uno y otro género:
al’Mutamid ibn. ’Abbâd fue otro, entre tantos y varios, de los más notables poeta líricos de al-Andalus. Su poesía puede clasificarse en tres etapas: cuando fue príncipe, luego rey y desterrado. La pasión por las jóvenes le inspiró elegantes poemas donde la búsqueda de la belleza no oculta las intenciones eróticas:
Como estos, los poemas compuestos durante su permanencia en Silves y en los días felices del reinado muestran su afición por el vino, las mujeres, los círculos de amigos en las fabulosos palacios sevillanos, la música y el canto. Se dice que nunca sintió amor por mujer alguna pero lo recibió de amigos y queridas. Su talento poético es bien apreciable en los poemas que escribió en Marruecos en los últimos días de su vida. Conocida es la oposición que durante los primeros siglos de la Edad Media ejerció la iglesia contra la poesía pagana y sus concepciones del mundo. Ante el sentimiento de fracaso que se percibía con el fin del Imperio Romano, la iglesia impuso una doctrina que ofrecía la salvación del alma frente a los placeres y conquistas terrenales. Su lenguaje, aprendido en Horacio, Virgilio y Ovidio, se fue transformando paulatinamente en un mensaje que comprendían las mayorías reunidas en torno a los predicadores. Palabras donde lo más absurdo era intensa claridad y llenaba de gozo y entusiasmo a sus seguidores. Una voz y una doctrina ideológicas y escasamente poéticas. La literatura de los primeros siglos cristianos puede ejemplificarse en los apuntes de la catecúmena Perpetua, puesta en prisión durante las persecuciones de Septimio Severo en Cartago, en el siglo III.
Este testimonio de una joven de veintidós años, es la literatura de una militante y la confirmación de cómo la ideología de la iglesia había prendido con fervor en grandes sectores de la población. Tomar la prisión por palacio es un acto de juventud, una fe en el porvenir. La lucha por una liberación posible y en marcha, parece no dar tiempo al juego amoroso. La poesía cristiana florecerá, con otro auditorio, tres siglos después, pero su materia no será esperanzadora sino tétrica. Eugenio de Toledo dirá a fines del siglo VII:
La poesía de los cristianos primitivos estuvo poseída por un sentimiento de que todo lo producido en el presente era mezquino si se le comparaba con el pasado y la grandeza de los tiempos antiguos. Los escritores huían del presente y terminaron por refugiarse en las nuevas ideas del cristianismo con un tono lastimero cargado de terror ante el fin del mundo y la amenaza del demonio. Pero quienes no se acogieron a la nueva doctrina, se dedicaron, no al juego amoroso sino a la diversión con variaciones de palabras, y géneros. La utilización fragmentaria de versos de otros, los centones, fue uno de los artificios preferidos. La epanalepsis, los poemas dibujos, la aglomeración de todas las medidas en un solo texto, enumeración de voces de animales y los versos anacíclicos son ejemplos de sus ocupaciones líricas. Publilio Optatiano Porfirio llegó por esos vericuetos a extremos inauditos. Se conservan veintiséis fragmentos de poesías suyas, de veinte a cuarenta hexámetros, cada uno con el mismo número de letras, de manera que cada poema ofrezca el aspecto de un cuadrado; ciertas letras de color rojo forman figuras, abreviaturas y adornos que leídas de conjunto pretenden decir algo.
Este período ha sido llamado por Bühler , de la senectus, frente al de iuventus, que marca la aparición de la poesía lúdica medieval, o del romance. Con estas categorías explica cómo el ideal de la senex domina la primera mitad de la Edad Media. Dice que a pesar de hablarse de los juveniles germanos, «que echaron por tierra el imperio durante las invasiones», la vida espiritual los pueblos había cambiado poco desde fines del neolítico hasta la era en que entraron a formar parte de la cultura mediterránea. Sus concepciones del mundo eran de carácter trágico, en sus héroes y dioses imperaban la fatalidad y hasta culpaban a Odín del fracaso del mundo antiguo y estaban dispuestos a sacrificarlo para salvarse. Los germanos asimilaron, desarrollaron y transformaron el mundo romano, pues tanto el germanismo y el romanisno se encontraban, al llegar las migraciones bárbaras, poco más, poco menos, en el mismo plano de evolución y no existían grandes dificultades que se opusieran a una inteligencia y a una comunidad de vida entre dos mundos coincidentes en sus concepciones y ritmo de vida, basados, en últimas, en la idea de la senex. Borges ha traducido el momento en que Edwine de Northumbria se convierte al cristianismo y que parece confirmar las conjeturas de Bühler. Según Beda el Venerable Edwine favorecía la adopción del cristianismo como religión oficial gracias a una visión que había tenido en Roedwald, e incluso había permitido que su hija Eanfled fuera bautizada. El día del nacimiento de su hija, Eomer, emisario del rey de Wessex, había atentado contra su vida. Salvado milagrosamente del atentado, Edwine prometió convertirse al cristianismo si podía vencer a su enemigo. Absteniéndose de recurrir a sus dioses particulares, en la creencia de que esto le ayudaría, logró vencer a Cwichelm. Mientras tanto el papa Bonifacio había enviado a la reina una carta, un espejo de plata y un peine de marfil y tras estos presentes un misionero para que enseñara la nueva fe. Edwine reunió a sus nobles y consejeros, pero interrogó sobre la nueva religión al sumo sacerdote, Coifi, quien sin vacilar dijo: «Rey, ninguno entre tus hombres ha sido más diligente que yo en el culto de nuestros dioses, y sin embargo, hay muchos a quienes tu favoreces más y cuyas empresas son más prósperas. Si lo dioses sirvieran para algo, me habrían beneficiado más bien a mí, que puse tanto empeño en servirlos. Por consiguiente, si estas nuevas doctrinas pueden resultar más eficaces, conviene recibirlas sin demora». Luego de estas palabras Coifi y los demás personajes participaron en la destrucción del templo que había en Goodmanham, y el propio rey se hizo bautizar en York durante la semana santa del seiscientos veintisiete. A medida que las lenguas vernáculas se incrementaron las primeras manifestaciones colectivas de un cambio de rumbo en la poesía y la vida se hicieron evidentes con la aparición de los tunantes y sus canciones eróticas. A partir del siglo séptimo, estudiantes y profesores comenzaron a vagar de una parte a otra de Europa. Algunos poemas de maestros como Fortunato, Walafrido Strabon y Sedulio Scoto son de este período. Pioneros en esas visiones eróticas del amor fueron Agatías , autor de un buen número de poemas amorosos agrupados bajo el título general de Dafniaca, y de una famosa antología donde se incluye: Ciclo de los nuevos epigramas:
El florecimiento de las ciudades, el espíritu caballeresco y la popularización del latín hicieron volver a resonar las canciones de amor, las obscenidades, los desenfrenos y la glotonería. Según Bernardo de Clairvaux , la mesa de los monjes cluniacenses se cubre de manjares; sus cocineros preparan el pescado con arte exquisito; los huevos se arreglan de maneras diversas: se licúan, se endurecen, se desmenuzan, se sirven fritos, asados, rellenos, y la copa se retira tres o cuatro veces de la mesa. Pero los «banquetes celestiales» se extienden también a las clases ricas y pobres. La boda de Jorge el Rico, en 1475 reunió tres mil caballos; el cortejo de la novia incluía setecientos, el del emperador otros tantos, el del Margrave de Brandemburgo mil cuatrocientos, y así hasta sumar unos nueve mil, que sumados a los cabalgantes y los de a pie, más los vecinos de la ciudad, comieron y bebieron durante ocho días20. Durante las bodas de la hija de un panadero de Augsburgo, en 1496, se sacrificaron veinte bueyes, cuarenta y nueve cabritos, quinientas aves, mil seis gansos, veinticinco pavos reales, cuarenta y seis terneras, noventa y seis cerdos y quince pavos21. Las universidades habían surgido con el crecimiento de los pueblos. En
los populosos barrios estudiantiles se desarrolló un estilo de vida
bohemio con sus peculiares tradiciones. Los estudiantes inventaron un
lenguaje vivo, una especie de Latín salido de las viejas imágenes
horacianas, las clases y las tabernas. El Barrio Latino de París fue
reproducido en Oxford, Padua, Napoles, Montpellier, Toulouse, Salamanca,
Lisboa y muchos otros pueblos universitarios. El apodo de los Goliardos parece venir de Gula o del nombre de un supuesto obispo conocido como El Archipoeta de Colonia que se habría llamado Golías. Hay quienes aseguran que vivió en Burgundia y Salzburgo entre 1160 y mediados del siglo trece. Compuso unas diez canciones que le sobrevivieron. Por ellas sabemos que fue un alemán de origen caballeresco; que prefirió las letras a las armas; que falló tratando de conseguir una parroquia, vivió largos años en la pobreza y fue un protegido del arzobispo de Colonia, Rainaldo de Dassel, Canciller de Federico Barbarroja. Se cree que estudio en Francia a causa de su acusado dominio de las formas rítmicas que allí se ensayaron. No quiso celebrar las glorias del emperador Barbarroja pues no le pagarían sus esfuerzos. Luego de algunas fechorías Rainaldo le retiró su favores y al final de sus días, viejo y abandonado, aparece en Salerno. Su famosa Confesión de Golías ha sido cantada y aumentada a través de los siglos. Su desverguenza no tiene paralelo. El poema sucede en Pavía y es una obra maestra en el uso de los metros «goliárdicos», como en la intercalación paródica de textos sagrados. Para el Archipoeta, la relación vida y poesía es definitiva:
Los Goliardos escribieron sátiras contra la iglesia, atacando a menudo al Papa. En el Concilio de Treves (1227) se prohibió a los sacerdotes oficiar con ellos. Grupos de Goliardos participaron en los motines universitarios de París en 1229, y el Concilio de Salzburgo (1281), dice que «se pasean desnudos en público, se acuestan junto a los hornos, frecuentan tabernas, juegos, rameras, se ganan el pan con sus vicios y se aferran tercamente a su secta». Durante el catorce fueron perseguidos abiertamente. Clérigos y estudiantes de teología, fueron contestatarios enemigos del ascetismo predicado por la iglesia, y celebraban unas veces con delicadeza y elegancia, otras con la más ortodoxa obscenidad, el amor, el vino y el juego, símbolos de una exaltación del placer de vivir y la belleza del cuerpo. Los Carmina Burana abarcan todos sus temas preferidos: la primavera, el amor, jactancias de seducciones logradas, amores no correspondidos, el canto de un estudiante que aconseja a otros un alto en los estudios y unas vacaciones con el amor. Otros de esos poemas elogian la vida licenciosa y el alcoholismo. En cuanto a las fuentes de su poesía, usaron de los textos de autores considerados clásicos entonces, pero bien podían incluir «desvergonzadas» frases de las Escrituras y los himnos religiosos:
Los
líricos y los amores más celebrados de los tiempos medievales, antes que
Dante llevará hasta el mismo cielo su pasión por Beatriz, fueron Heloísa, Pedro Abelardo y Walther von der Vogelweide.
Se ha
llegado a creer que el total de sus discípulos llegó a los cinco mil,
incluidos el futuro Papa Celestino II, diez y nueve Cardenales, más de
cincuenta Obispos y Arzobispos franceses, ingleses y alemanes, y un
número mayor de contestatarios
Pronto
su relación fue conocida por todos. El propio Abelardo compuso poemas
sobre su amor, que eran cantados por los estudiantes en calles y
tabernas. Heloísa quedó embarazada y su amante la llevó a Bretaña, donde
dio a luz a Astrolabio. Para apaciguar las furias del tío, Abelardo
prometió casarse con ella bajo la condición de que el hecho no se
divulgase y así no destruir sus posibilidades de ascenso en la carrera
eclesiástica. Heloísa se opuso largo tiempo al matrimonio. Creía ella
que los filósofos no debían estar atados con un vínculo que destruía el
amor. Sin embargo terminó por aceptar la fórmula y se casaron en París
en presencia de Fulberto. Pero la nueva fue pronto conocida por todos y
aun cuando Heloísa negara el hecho el escándalo no pudo contenerse.
Entonces Abelardo envió a la esposa al convento de Argenteuil. Los
parientes de ella se sintieron engañados y entrando una noche a las
habitaciones de Abelardo, le castraron. Ante la desgracia irreparable,
obligó a Heloísa a profesar como monja y él mismo hizo votos monacales.
Las canciones de amor de Abelardo no se conocen. Pero se conservan seis planctus, donde recrea la vida de varios personajes bíblicos, lamentado sus tragedias. Uno de ellos está inspirado en la historia de Dina y Siquem. Violada por Siquem, miembro de otra tribu, Dina, hija de Jacob, ama ardorosamente al hijo de Jamor, y se va a vivir con él, mientras Siquem y Jamor buscan afanosamente un acuerdo matrimonial con Simeón y Leví, hermanos de Dina. Habiendo aceptado circuncidarse, no obstante, los hermanos deciden vengar la afrenta dándole muerte y asesinando a todos los hombres de su tribu. En el fragmento de la vida de Jacob nada sabemos de los sentimientos de la muchacha, pero para Abelardo, representa la tragedia de una mujer que ha perdido en Siquem a quien más ama. El verdadero amor —parece decir ella— es el único camino de redención ante las condenas morales de la sociedad. Abelardo canta por boca de Dina:
En otro de los planctus, David lamenta la muerte de Jonatás, pero allí resuena de nuevo la historia de la pareja:
Se cree
que Walther von der Vogelwiede nació hacia el 1170 y
murió en 1280. A pesar de su fama poco sabemos de él y toda información
sobre su vida se ha deducido de los poemas que se le atribuyen. Cuando
nació, Tirol y Viena eran las sedes de notables Minnesingers. Viena,
bajo Federico I, era también un centro del arte y la poesía. Allí
aprendió composición con Reinnar El Viejo, cuya muerte luego lamentaría
en dos de sus más bellos poemas. Esta época de su vida, cuando compuso
los poemas amorosos más espontáneos, terminó al morir el Duque en 1198.
A partir de entonces vagaría de corte en corte mendigando alimento y
cobija, a la espera de que alguien terminara con esa vida de azares.
Pero su actitud crítica ante hombres y comportamientos, así no fuese
directa sino velada en sus poemas, le apartaron de posibles protectores.
Fue un fervoroso partidario de la independencia de Alemania frente al
Papado. Aun cuando su fe católica está probada en su poesía, hasta el
final de sus días se opuso a las pretensiones de los Papas, a quienes
ataca con una acidez que no puede explicarse sólo como patriotismo. Al
final recibió como recompensa una pequeña propiedad en Franconia, de
manos de Federico II, quien le había hecho tutor de su hijo. Fue
enterrado en Würzburg, bajo instrucciones suyas, según las cuales sobre
tu tumba debía darse de comer, diariamente, a los pájaros. Vogelwiede
significa refugio de aves.
Como ésta, escribió otras canciones para jovencitas pobres, con emociones sin artificio ni quejas amargas por los remilgos de la amante. En Tomad señora, esta guirnalda, se evidencian también esas tendencias revolucionarias de sus cantos. Mientras sueña, el poeta realiza con una muchacha, el amor que las señoras no pueden prodigarle:
1.- Abu Tammam nació en Jãsim,
cerca de Hierapolis en 807 y murió en Mosul en 846. Se hizo conocer como
poeta primero en Egipto, pero al no encontrar acogida fue a Damasco y
luego a Mosul. Después de 833 vivió en Bagdad, en la corte del califa
Mo’tasin. Compiló tres colecciones de poesías de los mejores poetas
árabes de antes y después de Mahoma.
3.- La mayor parte de la vida de Abu Ali Hal-asan ibn Harni’al-Hakami, conocido como Abu Nuwãs, fue licenciosa y alejada de la religión, pero en sus últimos años se hizo asceta. Nació en al-Ahwaz, vivió en Basora, Kufa y Bagdad. Dos de sus aventuras con Harún al Rashid figuran en Las mil noches y una. Genial, cínico, inmoral, su vida fue la fuente principal de inspiración para su obra. En sus canciones al vino pueden descubrirse las formas de comportamiento de las clases altas de Bagdad y fue el primero en ridiculizar las qasidas por encontrarlas antinaturales. El manuscrito de sus poemas que se encuentra en Viena, unos cinco mil versos, fueron clasificados de acuerdo a su materia: vino, caza, oración, sátiras, amores juveniles, amor a las mujeres, obscenidades, blasfemias, elegías y lamentaciones seniles. Sus qasidas no evocan a los nómades del desierto pero son un refinado arte esquemático que pinta la vida urbana de la corte de los califas, tratando de cerrar la brecha entre vida y poesía. Murió en 810. Uno de sus poemas, en versión de C.A. Jordana, dice:
4.- Ibn Hazm nació y murió en
Córdoba (994-1064). Perteneció a la escuela Zahirita, de teología y
jurisprudencia, que repudiaba toda interpretación cuyo fundamento fuera
autoritario o analógico del Corán, ateniéndose apenas al sentido externo
o «zahir» de los textos. Fue un violento polemista y tuvo muchos
enemigos a causa de su dogmatismo. Compuso obras de teología, historia y
derecho.
9.- Johannes Bühler:
Vida y cultura en la Edad Media, México 1957, versión de
Wenceslao Roces, pg., 72. 12.- Agatías Escolástico (c. 536-582) nació en Myrina, estudió en Alejandría leyes y en Constantinopla ejerció de abogado. Ciclo de los nuevos epigramas fue compuesto a partir de las antologías de Meleagro y Diógenes Laercio y gozó de enorme popularidad. De este poeta e historiador bizantino se conservan unos cien epigramas en la Antología griega. Escribió una historia de su tiempo: Del reinado de Justiniano, en cinco volumenes que comienza donde terminan las Historias, de Procopio. 13.- El epigrama fue una composición breve para ser grabada en monumentos u obras de arte. La Antología Palatina contiene unos tres mil setecientos de ellos con un total de veintidós mil versos, dividida en quince libros, el quinto, de epigramas eróticos. Como género fue clasificado, en orden alfabético, por Justiniano. Agatías los dividió de acuerdo a los temas, fueran votivos, descriptivos, funerarios, anecdóticos, satíricos, eróticos o báquicos. 14.- Versiones de José Almoina, Carlos Esplá y José López Pérez. 15.- Marbod de Rennes (1035-1123) nació en Angers y murió en un convento benedictino. Es mejor conocido por su poema simbólico Liber Lapidum, de más de setecientos hexámetros donde enumera sesenta clases de piedras preciosas, cada una con sus virtudes mágicas y milagrosas. Copio una muestra: «Esta piedra nace en el hígado de un gallo, privado de testículos, que haya vivido por lo menos tres años como eunuco, y el nacer así no es pequeña cosa. Después crece durante cuatro años, pero sin exceder del tamaño de una haba. Es semejante al cristal o al agua clara, y los antiguos le pusieron por nombre Allectorium. Esta piedra hace invencible al que la lleva, da facundia al orador, apaga la sed, es excitante para los placeres venéreos y útil a la mujer que quiere agradar a su marido. Para que produzca estos buenos resultados hay que llevarla encerrada en la boca». Versión de Antonio Alatorre. 16.- La poesía que exalta la sodomía es muy antigua y se remonta a los antiguos griegos y pasó a la Edad Media como imitación unas veces y otras, como expresión de pasiones reales. Para los griegos la belleza era masculina en cuerpo y alma. Lo masculino era el sostén del estado y la sociedad. Cada hombre adulto debía elegir un joven para educarlo y es raro encontrar algún escrito donde no se elogie, sexualmente, la belleza de muchachos y jóvenes. Anacreonte es un poeta sodomita por excelencia:
En el
derecho musulmán la fornicación y la sodomía debían ser castigadas con
la muerte, pero el aumento de la riqueza produjo éticas acomodaticias,
penando la fornicación con azotes y pasando por alto la homosexualidad.
Los travestis musulmanes (mukhannath), como los de hoy, imitaban el
vestido y la conducta de las mujeres, rizaban sus cabellos, pintaban sus
uñas con alheña y danzaban obscenamente. Solimán hizo castrar los
travestis de la Meca y al-Hadi ordenó decapitar dos sirvientas lesbianas
sorprendidas en acción. Muchos de los poemas de Abu Nuwãs elogian estas prácticas. Atacada por el cristianismo con cierta eficacia
en los últimos tiempos del Imperio Romano, la sodomía reapareció con las
Cruzadas, como resultado de las influencias orientales y el aislamiento
de monjas y frailes. Se sabe que era una práctica preferida por los
Templarios. Los Penitenciales mencionan la frecuencia de este placer
entre los religiosos. La copulación con animales, según aparece en los
registros del Parlamento Inglés, tuvo que ser condenada con la muerte de
ambos participantes. Perros, cabras, vacas, cerdos y gansos fueron
condenados a la hoguera con sus amantes humanos. 17.- Se supone que Hilario era inglés y que murió en 1125. Fue uno de los discípulos de Abelardo y sus poemas están en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de París. Fueron publicados por primera vez por Champollion Figeac bajo el nombre de Hilarii versus et ludi. Su poesía anuncia a los goliardos .En uno de ellos, a una monja, habla de la hermosura y dadivosidad de la muchacha y en otro elogia la belleza de un compañero de celda de la diócesis de Sena. Hay otros que atacan al Papa. Nada más sabemos de él. Versión de Antonio Alatorre. 18.- Versiones de Antonio Alatorre. 19.- Letters of St. Bernard, ed., de S.J. Eales, London, 1895, pg.,48. 20.- Johannes Bühler: Príncipes y caballeros, Liepzig, 1928, pgs., 155 y siguientes. 21.- Josef Julischer, La edad media, en Historia general de la Economía, Munich, 1928, tomo I, pg., 180. 22.- Versión de Ricardo Arias y Arias. 23.- La edición príncipe de los Carmina Burana la hizo Schmeller en 1895, de un manuscrito que se conserva en un monasterio benedictino en Baviera. Contiene unas doscientas composiciones en latín y cincuenta más en una mezcla de latin y alemán («Stetit puella bi einem boume, scripsit amorem an eime loube»), por ejemplo. 24.- Versiones de Ricardo Arias y Arias. 25.- Nació en Pallet, cerca de Nantes en 1079 y murió en 1142. 26.- Abélard, volumen I, pg., 218, París 1845. 27.- Historia calamitatum mearum, Saint Paul, 1922, capítulo V. 28.- C.K., Scott-Montcrieff: Letters of Abélard and Héloïse, New York, 1926, pg., 53. 29.- Traducción de C.A. Jordana. 30.- Traducción de Josep Pujol |