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Soy desagradable a las Señoras y los Señores:
Harold Alvarado Tenorio
Ángela Viviana Córtes

¿Quién es Harold Alvarado Tenorio?
A decir verdad, no tengo la menor
idea. Uno es lo que la gente o se imagina o lee en uno. En mi caso, no
me ocupo de mi mismo, me importa poco lo que la gente piense de mi,
estoy acostumbrado a entender que entre colombianos la maledicencia es
tanta que cuando uno asoma la cabeza hay seis o siete miserables
tratando de tergiversar lo que uno hace. No he hecho cosa distinta a
trabajar toda mi vida, en una cosa como en otra, y lo que tengo lo he
ganado y perdido con el sudor de mi frente, pero hay quienes dicen que
soy un millonario excéntrico, el heredero de un hombre rico, que tengo
extrañas manías sexuales, que soy un pervertido, un alcohólico, un
drogadicto, y la lengua viperina mas larga del mundo. Calificativos
todos que acepto, de buena o mala gana, menos eso de millonario. Si lo
fuese estaría viviendo en la Puta Mierda menos aquí. Y además, dicen que
soy mal poeta, lo cual es exacto. Oficialmente soy visto por la
ortodoxia ideológica y literaria como sospechoso de un pensamiento
políticamente incorrecto y si he de decir la verdad, he vivido en un
inxilio, produzco repugnancia, soy desagradable a las señoras y los
señores.
¿Qué significó para usted el
homenaje que recibió en el XIII Festival Internacional de Poesía de
Bogotá?
Un acto reprensible de la más
rústica vanidad. Contrariando a Buda y a Borges, mis maestros, y como
este dijera alguna vez, lo acepté irrevocablemente y con plena
aliviantes y alevosía. Como buen colombiano, lo que se hereda no se
hurta.
¿Como poeta pertenece a alguna
generación?
El término generación aplicado a las
literaturas y sus autores fue un invento de José Ortega y Gasset, pero
antes que él se creía que el intervalo existente entre el nacimiento de
los padres y los hijos, unos treinta años, hacía que estos pertenecieran
a una misma “generación”. Ortega sostuvo que una generación ocurría más
o menos en ese lapso de tiempo, cuando habían nacido sus integrantes y
habían recibido una educación y unos influjos culturales y sociales
parecidos, que les hacía en últimas comportarse de maneras afines. Pero
Ortega agregó otros ingredientes. Primero estableció tres lustros como
el periodo cuando los miembros de una generación realizaba los cambios
definitorios de si misma y luego otros tres para el ejercicio del poder.
Puede que todo esto tenga algún acierto teórico. Pero entre nosotros las
clasificaciones de las “generaciones” se han hecho a las volandas, como
ha sido en mi caso mío al sacar de la manga la que ahora corre con
suerte y salud bajo el mote de Generación desencantada .
Otras veces he explicado como,
cuando alguien me pidiera en una universidad norteamericana que
interviniese sobre los entonces últimos poetas colombianos, me di en
pensar quienes podían ser distintos a los Nadaístas, un grupo de
escritores que había colaborado con Gonzalo Arango, en su mayoría
antioqueños e identificados con la iconoclasia e irreverencia que les
convirtió en el prototipo de unos colombianos que vivían sin salida
alguna y tuvieron que venderle su alma al diablo para malvivir y
terminar o en las cárceles, o extraditados, o muertos a manos de la
justicia ordinaria y extraordinaria. No es una casualidad que la Gran
Prensa les acogiera más que en su seno en su tabernáculo: los
suplementos literarios. Cosas que no habían sucedido con la Generación
de Mito, la revista de Jorge Gaitán Durán, que con excepción de las
Lecturas Dominicales de El Tiempo, habían ignorado todos los otros
medios de comunicación de entonces. Muerto Gaitán Durán, la mayoría de
sus miembros, con las honrosas excepciones del mismo muerto y Jorge
Child y Gabriel García Márquez, y Mutis, pero por otras circunstancias
de carácter político que le llevaron a una prisión mexicana, la mayoría
de sus miembros, digo, se pasaron al Frente Nacional y fueron no solo
sus amanuenses sino sus obcecados servidores, como sucedió, por dar un
ejemplo al azar, un borgiano empedernido que terminó acolitando, como
ministro de Guillermo León Valencia, los bombardeos de Marquetalia,
Riochiquito y Guayabero, de cuyos rescoldos salió ese monstruo llamado
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que con el Partido
Liberal nos han llevado a un atraso de cien años y han perpetuado el
latifundismo en la cabeza de las Autodefensas Unidas de Colombia. Los
Nadaístas son el paradigma de algo horrendo, los instrumentos de la
distracción y del chascarrillo, los cómicos de un mundo de terror
llamado La Violencia. Gonzalo Arango fue censor de Rojas Pinilla y
miembro de su constituyente de bolsillo. Es cierto, pero también hay que
matizar diciendo que en el Nadaísmo fueron arropados, quizás sin
entenderlo muy bien, dos grandes poetas colombianos: Jaime Jaramillo
Escobar y Amilkar Osorio, conocidos entonces por sus chapas de X-504 y
Amilkar-U. Y pare de contar.
Por esos motivos me di por imaginar
la Generación desencantada , en parte para erigir un
fantasma que tuviera mejor rostro que la Generación sin nombre, la
entelequia que había hecho en honor de nadie Álvaro Burgos y que había
acogido para hacer un homenaje al gran Aurelio Arturo, Juan Gustavo Cobo
Borda.
Los miembros de la
Generación desencantada tienen varios rasgos comunes. El
principal es haberse separado, (con la excepción de Juan Manuel Roca,
quien militó en el Nadaísmo), del movimiento de Gonzalo Arango, y
repudiado sus influjos. Ni José Manuel Arango, ni Giovanni Quessep, ni
Elkin Restrepo, ni María Mercedes Carranza, ni Raúl Gómez Jattin, ni
Ignacio Escobar, ni Juan Gustavo Cobo Borda, ni Darío Jaramillo Agudelo,
aspiraron al escándalo y la garrulería de la tropa sacrílega y
dicharachera que bebía de las enseñanzas del seudo existencialista de
Otraparte. Y con la excepción, otra vez, de Roca, todos fueron a la
Universidad y de alguna manera ejercieron o la docencia, o el periodismo
y el pecado de la burocracia. Es decir, fueron “decentes” y “educados”.
Y habían nacido entre 1937 y 1948 y comenzado a publicar en la década de
los setentas. Y todos, o casi, hablaron otros idiomas y han sido
traductores y han escrito sobre lo que debían escribir: sobre la poesía
y sus asuntos. Es verdad que no fueron lo críticos que debieron ser pero
tampoco, con la excepción de uno y medio, le han quemado mucho incienso
a los poderosos, así mas de la tercera parte de ellos hayan servido con
la cara de palo más dura posible al Establecimiento y sus mentiras y sus
patronas.
A esa Generación desencantada que he tratado de
retratar lo mejor posible me siento honrado y avergonzado de
pertenecer. Lo demás que lo diga la radio.
A Jorge Luís Borges, le preguntó sobre el
escribir por escribir, ¿qué respondería usted a esa misma pregunta?
No recuerdo bien el contexto en el cual
preguntaba yo eso a Borges. Quizás surgiera en mi mente a raíz de
las lecturas de la supuesta critica literaria que aparecía entonces
en los periódicos colombianos, pero no estoy seguro. De todas
maneras me parece que “escribir por escribir” ha sido una tradición
de los colaboradores de periódicos colombianos y porque no decirlo,
de nuestra lengua. Fue muy común en la España del Franquismo y sin
duda en la Colombia de los años posteriores a la República Liberal y
del Frente Nacional, cuando todo se tornó en adulación y quema de
incienso.
Hace más de medio siglo que en Colombia no es
posible ventilar con libertad y sin correr serios riesgos de perder
el empleo, no ascender en el cargo o ver disminuido el salario y las
invitaciones sociales, asuntos políticos o sociales o literarios. Se
dirá que las cosas están cambiando, pero no es cierto. Aquí hay que
ser colaboracionista del establecimiento para poder que le publiquen
en la Gran Prensa las opiniones adversas al statu quo . Lo
que hoy por hoy entendemos como cultura moderna, aquí no se ha visto
ni vivido. Y eso que la modernidad es un asunto del siglo XVIII. Lo
que existe entre nosotros, con excepción del intervalo de la
República Liberal , que hizo fracasar digámoslo de paso, esa mente
excepcional en maldad y perversidad que fue Alberto Lleras Camargo,
es una cultura estatal, aldeana por cierto, que todavía es dirigida
y financiada desde los escritorios de los burócratas oficiales y
privados. Hace mucho tiempo que aquí no hay arte independiente. Ni
literaturas independientes de los medios que las distribuyen y
promueven. Todo está controlado con mano de hierro por las Damas de
la Cultura y los Señores del Divertimiento. Nuestro más grande
escritor nunca ha vivido aquí. Nuestro Balzac, nuestro Flaubert,
nuestro Dickens o nuestro Proust, ha escrito lo mejor de su obra en
otra parte porque aquí sólo le ofrecían o la miseria o la cárcel.
Por eso la literatura colombiana da ganas de llorar y como él lo
dijo es un fraude a la nación. Colombia es una nación medieval
controlada por terratenientes, y los terratenientes odian la
crítica. Aquí hay terratenientes de la prensa escrita, de la radio,
de la televisión, de las editoriales. Todos manejan esos entes
culturales como si se tratara de sus inmensas fincas bananeras, de
palma africana, o sus extensas sabanas de ganados. Por eso la
derecha colombiana no tiene ideas sino incumbencias y la izquierda,
la que han dejado viva, es colaboracionista.
Recuerdo un fragmento de un poema suyo que dice:
En este país
se necesita poco
para alcanzar
fama
y fortuna.
Esta pregunta y su respuesta tienen que ver con
la anterior. Aún cuando todas las sociedades ponen dificultades a
los escritores porque cuando lo son dicen cosas que están fuera de
la ley o del juego de los poderes, porque ofrecen nuevos lenguajes y
rectificaciones, como quería Confucio, a los sentidos comunes y
corrientes, y a menudo solo son valorados cuando se han asimilado
sus innovaciones, en Colombia es otro el camino. Aquí se cree que un
escritor debe escribir para ganarse el pan de cada día, no que se
gane el pan de cada día con lo que le da la gana escribir. Incluso
se ha llegado a pagar a los escritores precisamente para eso: para
que no escriban. Es habitual que si surge una promesa, o el
jovencito toma la iniciativa, o a la larga cae en la trampa. Cuando
el pichón de artista es pobre, y con frecuencia la mayoría es de
origen humilde, es apadrinado por alguna Dama de la Cultura o algún
Señor del Divertimiento, y comienza a recibir los Premios Locales,
luego los Departamentales y así hasta terminar vinculado a un medio
de comunicación o del estado donde la rueda infernal de la
burocracia le tapa la boca. Ejemplos hay muchos y notables. Porque
el premio es hacerlo famoso con los dineros del estado y con los
tejemanejes que el mismo acciona. Sus libros serán impresos por las
personas a quien el ayuda a vender los libros; serán comentados por
sus empleados en la revista que el o ella dirige; el pagará directa
o indirectamente los prólogos que abren sus novelas, sus ensayos o
sus libros de poemas; los ex presidentes presentarán sus obras en
las salas que el mantiene con el dinero del estado o de la empresa
privada, que es lo mismo. No estamos en Francia o en Alemania o en
Italia, estamos en una democracia compuesta por medio millón de
adinerados y el resto somos sus esclavos. Vivimos en la Atenas
Suramericana.
Respecto al siguiente poema:
Arte y ficción
Como en el arte,
hizo de su vida una ficción.
Y lo que más amó, el placer,
lo obtuvo en sueños.
No había realidad
y si la hubo
resultó también quimera.
Parece estar afirmando que la poesía es para
“alguien” una nostalgia profunda por el placer que sólo puede lograr
a través de la poesía misma, ¿a quién se refiere, quién es ese
“alguien”?
Este poema se refiere a la lucha entre los
deseos y lo que ofrece la realidad. Los deseos como descubrió Buda
son nuestros peores enemigos, no nos dejan ver el bosque de
simplicidades que es la realidad. Así tejemos una maraña de mentiras
en torno nuestro y nos hacemos cómplices y víctimas de nuestras
ambiciones. No hay belleza ni fealdad ni alto ni bajo. Hay apenas
matices de ello. Variaciones que van desde el deseo de la belleza
hasta la creación de la fealdad. Es por supuesto un poema en honor
de Buda, mi maestro. Lamentablemente usted también pregunta con los
deseos, con un wishfull thinking.
Frente a la literatura de compromiso social
¿usted propone una de liberalidad sexual?
No, para nada. Yo no soy partidario de la
literatura comprometida porque no estoy dispuesto a ofrecer ni en
regalo ni por dinero mi conciencia a nadie. Ni al estado y a los
particulares. Tanto la libertad social, económica, como sexual hay
que conquistarla en las luchas sociales. La literatura puede
contribuir para que los que desean luchar aclaren sus dudas, pero la
literatura misma no puede cambiar el estado de cosas. Es una utopía
pensar que escribiendo contra los tiranos los derrocaremos, a los
tiranos hay que derrocarlos por la fuerza o por la contundencia de
nuestras convicciones. Pero los poetas tenemos el deber de seguir
cambiando los lenguajes, rectificando el statu quo.
Gran parte de sus críticos literarios afirman
que su poesía, partiendo del placer es una forma de reaccionar
contra las represiones que impone la sociedad y el Estado. ¿Cuál es
su opinión al respecto?
El placer ha sido siempre subversivo, pero es un
camino de doble vía. Luchamos por el placer pero si caemos en su
trampa seremos de nuevo sus víctimas. Todo es una vana ilusión, una
mentira. Lo único cierto es que debemos luchar por ofrecer a los que
nada tienen alguna luz en el negro camino de la existencia. Nuestro
deber es acabar con la miseria y la ignorancia. La rueda del karma
del capitalismo. Yo escribí muchos de mis poemas eróticos porque fui
víctima de la Iglesia Católica y sus doctrinas incomprensibles. Y mi
cabeza no podía comprender por qué tantas demandas hacía el cuerpo.
Un mar de confusiones.
De su poesía se ha dicho que expresa “pena y
castigo de un deseo irrealizado”, “narcisismo sexual”, “ausencia”,
“nostalgia”, “placer”, entre otras ¿qué opina de estas hipótesis?
Todo eso es cierto o acertado, como podrá
colegir de lo que he dicho arriba. Pero no es sólo eso, creo que hay
algo mas en mi poesía, al menos eso he intentado.
¿Es la poesía la justificación de su vida?
Fue la justificación única que encontré a la
existencia y todavía creo en ella. He conocido muchas clases de
elementos lúdicos a través de mi vida, pero uno sólo me satisface
plenamente y es la poesía, luego la música y el arte. Leer poesía en
voz alta, para mi mismo o para otros, es el gran placer de mi vida.
El viaje verdadero. Recordar poemas de Borges, de Neruda, de Eliot,
de Kavafis, de Paz hace soportable los dolores de la existencia.
Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
Si tuviera que hacer un análisis de su obra,
¿dónde encontraría los puntos más importantes?
Nunca me he ocupado de mi presunta obra. Me
parece algo muy aburrido. Como decía Borges, yo escribo y paso a
mejores cosas.
¿Qué proyecto literario tiene en este momento?
Como usted sabe hago una revista de poesía, una
ocupación que me agrada desde que tuve que abandonar mi trabajo como
profesor de literatura en la Universidad Nacional de Colombia, donde
la vida se me hizo insoportable. Hace ya un lustro que me distraigo
con ello y hago también libros de poemas y viajo y converso y
respondo a estas horrendas entrevistas. Que Dios la tenga a usted en
su gloria.
Libros y Letras,
# 51, Bogotá, Noviembre 2005
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