Uno es de donde hace el bachillerato
Fabio Martínez



 

Después de su regreso de la China , donde trabajó como traductor y asesor literario en Beijing (de este trabajo nació el hermoso libro Poemas Chinos de Amor), Harold Alvarado Tenorio anda por las calles de Bogotá, en un Lada ruso, acompañado de un bate de beisbol y una hamaca, escuchando a todo volumen canciones de Vicente Fernández. (El bate le sirve para defenderse de los ladrones de autos; la hamaca para descansar cuando le da sueño).

Acaba de terminar un gran estudio de la literatura latinoamericana, que va desde Simón Bolivar pasando por Jorge Isaccs, Vicente Huidobro, César Vallejo, hasta Jorge Emilio Pacheco; y prepara maletas para ir a vivir durante una corta temporada a Madrid, donde se doctoró, hace ya varios años, en filosofía y letras

Fabio Martínez: El primer libro de poesía que usted publicó a los 27 años, a pesar de que allí se anunciaba un universo muy rico a nivel de la poesía, usted presenta ese libro, básicamente, haciendo un escándalo nacional con un prólogo que se suponía era de Jorge Luís Borges. ¿Ese prólogo después de veinte años es de Jorge Luís Borges?

Harold Alvarado Tenorio.: El prólogo no fue escrito por Jorge Luís Borges, la gente sabía que no era hecho por él, sino que yo lo había compuesto a partir de frases de Borges sobre artículos que él había escrito en los años 30, acerca de unos libros argentinos, y el error mío consistió en hacer demasiados elogios para unos poemas que no supe escoger bien, pues hoy se puede observar que esos poemas son supremamente débiles frente a otros poemas que habían podido tener mayor sustentación en el mismo marco del prólogo, pero todo el mundo supo eso; incluso, lo supo el mismo Borges a quien le pareció divertido y nunca consideró esto un delito, e incluso en una entrevista en la revista de Buenos Aires, Panorama , afirmó que eso debió haberse hecho como jugando, como divirtiéndose y cuando tuve la oportunidad de hablar con él a propósito del prólogo, le pareció divertido. El prólogo nunca fue incluido en el libro, se vendió aparte y se vendieron más prólogos que libros: 50 prólogos y 19 libros.

¿Ese fue un acto deliberado a la edad de 27 años, o fue un acto de un poeta precoz que quería presentarse como un poeta iconoclasta?

Yo no fui el inventor de eso, el inventor fue el editor, pues él quería un prólogo importante y yo, tomándole el pelo, le dije que conseguiría uno de Borges, pero él también sabía que yo lo escribiría, y todas las personas allegadas a nosotros en esa época pueden dar testimonio de que era una tomadura de pelo, fue un escándalo porque entonces se consideraba que Borges no escribiría un prólogo para un poeta colombiano absolutamente desconocido y sin vínculos en el mundo de las letras.

Usted ha sido un estudioso de T.S. Eliot, uno de los mayores poetas de lengua inglesa del siglo XX ¿Cómo lo descubrió?

Yo lo leía en esas revistas colombianas, la Revista Bolívar , con las traducciones de Téllez y, luego el interés por él creció en mí, a través de mis conversaciones con Jorge Zalamea y también de las lecturas que había hecho aquí en Bogotá de Eliot, como ensayista. Yo leía a Eliot en la biblioteca Luís Ángel Arango a los 16 o 18 años, a mi me gustaba mucho la manera como enfocaba las visiones sobre la educación y otros temas que toca él en esos ensayos. Luego, mi interés de traducirlo venía de que a la medida que yo fui aprendiendo inglés, yo leía en los diccionarios los textos y los comparaba con los leídos en español, y no encontraba concomitancias entre lo que decía en inglés, y lo que yo entendía; así que me propuse que, alguna vez, trataría de poner a Eliot no en una traducción literal -pues es difícil de traducir literalmente a otra lengua e inclusive al propio inglés, pues está lleno de sugerencias más que de frases planas-. Entonces, con la ayuda de la gente que lo ha interpretado me puse a traducirlo, y creo que logré una buena traducción, una buena versión, al menos me parece que suena mejor, es un mejor español que el que han usado, por ejemplo, José María Valverde. El interés por Eliot es que es un figura controvertida (era norteamericano y se volvió inglés, después terminó siendo monárquico, se declaró conservador en una época en que el empuje del marxismo y el comunismo era muy grande) y sin embargo, después de que había pasado todo, después que todas las ideologías de esa línea han fracasado, uno vuelve a leer a Eliot y lo encuentra sumamente revolucionario; hay que volverlo a leer para ver cómo era de visionario, de progresivo y sus poemas son impresionantes: uno vuelve a leer no solamente La tierra baldía sino Los cuartetos, y es impresionante predecir lo que sería el futuro y lo que vendrá.

Usted tiene en su poesía un estilo muy particular. Alvarado Tenorio es un poeta que elabora y reelabora continuamente sus textos, un poeta sólido de muy pocos poemas, pero que parece que está haciendo una única obra. ¿Usted qué piensa al respecto?

La mayoría de los poetas tienen solamente una obra, sobre la cual vuelven, un ejemplo puede ser Walt Whitman, otro ejemplo más cercano es el propio Borges, quien reescribió la mayoría de los libros de su juventud cuando tenía unos 65 años y hoy sabemos que existen, al menos dos o tres libros con el mismo nombre pero que no son los mismos libros, eso lo hacen muchos poetas y no es una excepción en mí. El otro hecho es, que más que yo creer que uno pueda confeccionar poemas como una modista, yo sí creo en la inspiración. La mayoría de poemas que he escrito provienen de la inspiración. El poeta es, como dice Borges, un amanuense de Dios, en cierto momento uno es un instrumento para decir ciertas cosas. Yo nunca he tenido la experiencia escribiendo poesía de que yo vaya pensado un tema y me ponga sobre ese tema a desarrollarlo. De pronto me he sentado a escribir, como es el caso de algunos poemas de Recuerda cuerpo, en una noche, eran 16 ó 18 poemas y los escribí como en un estado de trance o iluminación. Yo no he vuelto a escribir nada de poesía hace muchos años, yo atribuyo esto a que he estado escribiendo un libro sobre las literaturas de América Latina, no he vuelto a escribir prácticamente nada de poesía excepto en China que unos escribí diez poemas, pero no he vuelto a tener ese don, esa gracia.

Aparte de su oficio de poeta, usted lo ha alternado con la cátedra universitaria. ¿Qué limitaciones y qué ventajas ha tenido ese trabajo en relación con el trabajo creativo?

He sido más o menos afortunado. Para mí las cátedras no se han convertido en una pesadilla como sí le ha ocurrido a mucha gente porque siempre he tratado de ser recursivo en la manera de asumir la enseñanza de la literatura, de manera que yo siempre he tratado de convertir las clases en un acto poético en el cual tratamos de transmitirnos, tanto alumnos como profesor, los dones de la gracia que depara la literatura. La desventaja de ser profesor es que tiene uno que soportar pequeñas infamias de los burócratas de la administración, el habitual desconocimiento que hay a la labor de los artistas de parte de los colegas que no lo son; pero no me quejo, pues he podido hacer lo que he querido como profesor y los alumnos siempre me han reconocido algún rasgo gracioso, algún rasgo, alguna virtud en eso de la enseñanza de la literatura.

Desde sus primeros poemas se notaba una clara inclinación hacia la literatura y la cultura oriental. Usted que ha vivido en China. ¿De qué manera ha influenciado la cultura oriental su poesía?

Es una cosa muy rara; yo a veces estando en Beijing, no solamente me sentía chino, sino que muchos de mis colegas llegaban a pensar que yo era más chino que un chino; entonces sucedía ese fenómeno que me había pasado en Estados Unidos; me estaba sumergiendo tanto en aquella cultura, que empezaba a verme los ojos rasgados, como si fuera un chino. No sé de dónde me viene ese amor por esa cultura; por supuesto que hay cosas que no me gustan, pero hay más cosas que no me gustan de aquí, de Colombia. Yo no sé cómo explicar eso, a veces pienso que es cierto eso de la trasmigración. Uno como que viene de otras partes o como que está aquí cumpliendo un papel de otras vidas; parece que uno fuera otra persona. No sé de dónde viene esa pasión por el Oriente. La gente ve, por ejemplo, a las mujeres orientales, horrendas. Para mí son extremadamente bellas.

Usted acaba de terminar un extenso estudio sobre la Literatura Latinoamericana, que va desde Simón Bolívar a José Emilio Pacheco. ¿Puede anunciarle algo al lector, a propósito de esta vasta obra?

Mi propósito, al hacer este libro, fue permitirle a los lectores la comprensión de que pertenecen a una cultura fabulosa, tan grande como cualquiera otra de las culturas que han existido en la humanidad; y cómo en los últimos 150 años en América Latina, como cultura general hispano-portuguesa, se desarrolló la literatura, se produjeron una serie de autores y de corrientes muy notables. Yo he dicho varias veces que reunamos cien autores alemanes del mismo período. De 1810 a 1970 cien autores alemanes de primera categoría no hay; no hay cien autores ingleses; quizás, cien autores norteamericanos. Pero en nuestra lengua y en portugués hay más de cien autores de primera magnitud, pero nosotros no sabemos eso. Este libro es un viaje para descubrir la maravillosa cultura, paisaje, movimientos e historia de América Latina. Si se quiere es una gran enciclopedia sobre nuestro continente, a través de la literatura.

Y en cuanto a poesía, ¿qué está escribiendo en el momento?

En este momento volví a quedarme sin nada qué hacer, terminé el libro que antes le mencioné, y tendré que inventarme otro oficio, pero en materia poética no tengo nada qué decir; a mí las musas me abandonaron.

Entonces, ¿qué hace el poeta en la vida cotidiana?

Me he dedicado a ver telenovelas, a pasear con mis amigos y a dormir bastante. Yo sí creo que merezco un descanso por que he trabajado mucho; ahora me voy a España, entonces tengo que volver a comenzar... Tengo 48 años y llevo no sé cuantos años trabajando en esto de la literatura, y uno se va cansando; la universidad debería jubilarme.

Después de este gran periplo; ¿qué referencias tiene usted de Buga y del Valle del Cauca?

Yo nací en Buga, pero desde muy niño me trajeron a Bogotá; prácticamente soy bogotano, aunque no nací y no hablo como bogotano; mi manera de ver el mundo tampoco es bogotana; sí es la ciudad en donde he vivido y el sitio donde más tiempo he estado es en el barrio de La Candelaria. Del Valle del Cauca mis referencias son pocas, además el Valle que conocí ya no existe; ese que añoro de las grandes haciendas, muchos árboles y ganado, ese mundo ya no existe. Cuando yo conocí a Cali era como Buga. Esa ciudad para mí ahora es muy extraña, como sigue siendo extraño ver a Bogotá desde los cerros.

Para mí Bogotá sigue siendo ese pedacito del centro donde yo me muevo. Borges decía que uno es de donde hace el bachillerato, yo hice el bachillerato en la doce con cuarta.

La Palabra /No.18/ Cali, Junio de 1993