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Harold
Alvarado Tenorio
“Me da vergüenza verme desnudo”
Merit Montiel Lugo
“A María Mercedes Carranza la
envenenaron contra mí”, dice el poeta bugueño. “Siempre me gusta llevar
la contraria a todo el que está quemando incienso”. “Aún me tiran los
perros a montones”.
Lleva la vida que quiere. En su apartamento de Bogotá, en La Macarena,
“el barrio de los intelectuales” como él asegura, se la pasa en compañía
de Borges, su gato; rodeado de centenares de libros, escribiendo para
Arquitrave, la revista impresa y virtual que dirige.
El poeta Harold Alvarado Tenorio luce mucho más delgado. Pesa 105 kilos
gracias a la extirpación de parte de su estómago, operación a la que se
debió someter en 2002, por su obesidad, que lo llevó a pesar 187 kilos y
que lo tuvo al borde de la muerte.
Su nuevo aspecto físico y gozar de su jubilación, tienen al poeta del
erotismo, con nuevos bríos. Vigor que lo hace viajar con frecuencia a su
finca en Guaduas, Cundinamarca, en donde mima a sus perras Shakira, Lola
y Conga.
El bugueño, doctor en Filosofía y
Letras de la Universidad Complutense de Madrid, admirador y estudioso de
Jorge Luis Borges; famoso en Colombia y otras latitudes por obras como
El Pensamiento de un Hombre Llegado el Invierno, El Ultraje de los Años,
Espejo de Máscaras o Summa del Cuerpo, aceptó compartir sus
pensamientos, polémicas e incluso sobre sus amores con El Pais.
¿Uno de sus máximos orgullos es
haberse codeado con Borges?
En verdad no tuve muchos, pero sí
algunos encuentros cortos con él. Uno fue desde la 1:00 p.m. hasta
entrada la noche. Nos encontramos en la Plaza Mayor de Madrid, estuvimos
andando los dos solos toda la tarde. Hablamos de muchas cosas, más
preguntándome él a mí que yo a él.
¿Por qué se dio el encuentro?
Porque yo hice un prólogo ficticio
de Borges. Y alguna vez le preguntaron en Argentina si él lo había hecho
y contestó que no se acordaba. Pero tan es que sí se acordaba del cuento
del prólogo, que una vez que llegó a España, yo llamé al hotel donde se
hospedaba y María Kodama me respondió y le dije que me pasara a Borges.
Él pasó, me dijo ¿con quién hablo? Le respondí: con Harold Alvarado
Tenorio. Y me dijo, ah, el del prólogo.
Ese día me pidió que nos viéramos en la Plaza Mayor. Yo lo invité a
comer. Él se tomó una sopa de arvejas y como era ciego, con la cuchara
golpeaba el plato, la metía en éste y se la llevaba a la boca y así no
se le escurría el líquido.
¿Qué recuerda de Jorge Luis Borges,
el hombre?
Era muy tímido, modesto, humilde,
aunque no era ningún tonto. Era genial, de una enorme inteligencia.
¿Cómo se asegura de no caer en el
mundo frívolo de la poesía colombiana hoy?
No es toda la poesía colombiana,
pero los poetas que viven del Estado, del Ministerio, de las secretarías
e institutos de cultura no tienen nada que ver casi nada con la poesía,
son lagartos que viven del Gobierno y fungen de poetas.
¿Cree que a usted se le desconoce
como traductor?
Oficialmente han tratado de
negriarme. En la Casa Silva publicaron una colección de traductores
colombianos y me ignoraron. Y yo ahí sí me doy la vanagloria. Invito a
que comparen y que me digan si mis versos, mi traducción de Eliot o de
Kavafis no están bien.
¿Reciente de María Mercedes Carranza
(q.e.p.d.) que le hubiera dicho que era un gran mal poeta?
Ella nunca me dijo eso y jamás me
maltrató como escritor ni yo a ella. El problema es que ella tenía muy
mal carácter, era una mujer susceptible de que la envenenaran y a ella
la envenenaron contra mí. Yo la quise mucho y la sigo queriendo.
¿Por qué eran sus discordias?
Yo no podía estar de acuerdo de que
me negriara, de que le dijera a la gente que no me invitara, de que
tratara de hacerme a un lado, de que me echara de la Casa Silva. Pero
nunca he dejado de admirarla.
Sin vanidades
¿Quién lo apodó matraca?
Carlos Mayolo, en el bachillerato.
Yo como siempre hablaba duro me decía, “ ¡ahhh, deja de hablar tanto que
pareces una matraca!”. Y me empezaron a llamar así.
¿Por qué no le gusta ese apodo?
Porque no me va, le tengo un
fastidio enorme. El que me dice matraca no le vuelvo a hablar nunca,
pierde mi amistad. Yo soy muy rencoroso.
¿Cuando vivió en España lo llegó a
golpear el franquismo?
Una vez me llevaron a una estación
porque en un café estaba haciendo chistes sobre Franco. Yo estaba con
mis copas encima. El policía me preguntó por qué me habían llevado a ese
lugar. Le conté los chistes que estaba contando y me dejó ir (risas).
¿Desde cuándo se dedicó a purificar
su espíritu?
Yo pervertí mi espíritu durante
muchos años y después de ir a China entendí que la vanidad y la soberbia
eran una tontería, que había que ser humildes sin ser tontos.
¿Por qué China transformó su vida?
Es la más grande experiencia de mi
vida, viví allá a principio de los 90. Los chinos todo lo ven claro, no
se rigen por religiones. Me parecería maravilloso que el mundo
occidental pudiera ser permeado no por los productos y negocios de la
China sino por su cultura.
¿Está en el umbral de los 60. Cómo
busca renovarse?
No me gusta tratar con mis
contemporáneos. O trato con gente muy mayor o con gente joven, que me
parecen muy sabios. Además el cuerpo de los jóvenes transmite más vida
que los de los contemporáneos que ya huelen a cadáver.
¿Aún se preocupa por gozar cada
momento?
Es una tontería esa búsqueda del
placer por el placer sin saber por qué. Esa es una forma de acabarse
uno.
¿Qué le pasó en Nueva York que lo
hizo sentir tan desgraciado?
La sociedad norteamericana es muy
racista y por ser colombiano, a pesar de que tuviera los mejores títulos
seguía siendo un ciudadano de segunda. Además, me aburrió el frío y me
daba rabia esa idea de que uno tiene que convertirse en gringo para
poder vivir ahí.
¿La pasa rico como jubilado?
Uff. Uno no tiene patrón, ni
reuniones, ni presenta informes que aburren y reclama sueldo. Estoy
contento y si me dicen te mueres mañana, digo, camine, porque ya yo he
vivido.
El transgresor
¿Por qué es tan venenoso?
Porque yo no me dejo. Como la única
arma que tengo es la lengua y para escribir también soy venenoso,
fundamentalmente irónico.
Alguien decía que usted, Álvarez Gardeazábal y Julián Malatesta han
llenado a Cali de sus insolencias. ¿Se siente un insolente?
No. Lo que pasa es que si me preguntan sobre el Festival de Arte de Cali
y digo que no es maravilloso, que no me gusta, entonces soy insolente.
Eso no es ser insolente, eso es decir la verdad, lo que uno piensa.
¿De qué transgresiones se
arrepiente?
De ninguna. A mí me gusta llevar la
contraria a todo el que está quemando incienso, transgredir las
costumbres pacatas.
¿Como qué costumbres pacatas?
Esa cosa de la moral, del machismo,
el odio contra los homosexuales, contra las prostitutas, esa hipocresía
en la vida sexual. Muchos de mis poemas hablaron de eso.
¿Cómo lo ha tocado la violencia de nuestro país?
Desde chiquito. A los 11 ó 12 años yo vi en Buga 25 cabezas en un andén
y los cuerpos de esos asesinados en unas mulas, en unos costales que
sangraban. Y el secuestro de mi tío Rogenio Tenorio fue una maldad, una
infamia.
Sexo y erotismo
¿Siente que su cuerpo hoy es un
espacio más placentero?
Es el cuerpo de un hombre viejo y
feo, pero me siento bien, sin embargo, me da vergüenza verme desnudo.
Quisiera no verme las partes de abajo y menos las de atrás.
¿Su visión del mundo erótico se ha
agudizado con los años?
Se ha simplificado. Para mí no tiene
más misterio que la búsqueda del placer, pero sin la carga de la culpa.
¿En qué ocasiones ha sentido deseos de
transvertir su masculinidad?
Nunca. Ni me gustan los travestis ni
los trato. Me parece rarísimo y horrible unos tipos vestidos de mujer,
que les cuelga una antena.
¿Qué lo limita para dar rienda suelta a
los placeres de la carne?
Nada, claro, que si me dicen que me
acueste con un travesti no lo hago o que tenga depravaciones como estar
en tríos o cuartetos.
¿Revivió la llama de la pasión gracias
a su adelgazamiento?
Una de las cosas agradables de
perder peso fue volver a tener virilidad, la que perdí durante tres
años.
Entre amores chinos.
¿Está desencantado de las mujeres?
Un poco, porque es muy difícil
lidiar las mujeres, uno termina por cansarse. El caso mío es que como
soy un intelectual a las mujeres no les gustan mucho los intelectuales.
Quieren hombres más interesados en el dinero, en la apariencia y como me
he ido convirtiendo como en un monje es más difícil.
¿Cómo le fue con las chinitas?
Muy bien, tuve varios amores chinos,
dos muchachas chinas vivieron conmigo, muy distintas ambas, pero eran
una maravilla.
¿Cuánto tiempo vivió con la mujer china
que trajo a Colombia?
Como cinco años. Fue a la que más
quise, una mujer bonita, trabajadora, muy inteligente.
¿Y esa fue la que lo hizo sufrir?
Cuando ella se fue yo padecí
horriblemente porque la quería mucho, pensé que con ella iba a terminar
mis días. Ella no pudo soportar la sociedad colombiana. Salía a la calle
y regresaba llorando porque la habían insultado, le habían dicho
groserías.
¿Por qué una oriental llamó su
atención?
Desde niño me han llamado la
atención las orientales, no sé porqué. Tener una mujer oriental era una
de mis fantasías y la cumplí.
¿Cómo le va con los oficios domésticos?
Soy muy buen cocinero. Todos los
días hago de comer para mí mismo y hacía de comer para mis mujeres. En
mi finca lavo los platos, la ropa. Pero no sé planchar ni me gusta
barrer.
Peso pesado
¿Usted siempre fue gordo?
No, yo empecé a engordarme después
de los 40 por comer y beber como loco.
¿Sufría más por el aspecto estético, de
salud o psicológico?
Por salud. No podía dormir. Tenía 14
enfermedades distintas por la obesidad.
¿Es cierto que por las desilusiones del
amor se entregó a la gordura?
No es tan cierto. Yo venía
haciéndome obeso cuando mi última mujer (la china) se fue. Y el hecho de
que ella se fuera me sumió en una amargura horrible y terminé sentándome
a comer y a beber por montones.
¿Nunca más han vuelto a hablar?
A veces ella me llamaba, pero ya en
los últimos meses no. Yo no la llamaba porque me causaba mucho dolor.
Ella quería que yo me fuera a Los Angeles o a China con ella y yo no
quise ir por pura soberbia.
¿Cómo se está fortaleciendo para no
volver a sufrir por amor?
Tratando de evitar enamorarme. Y eso
que a la edad que tengo me tiran los perros por montones. Me da hasta
risa porque dicen las señoras:ay, qué hombre tan simpático, ay, qué
maravilla de señor (risas).
¿Desde que se adelgazó, es cierto que
está ‘pinchado'?
No, lo que pasa es que me veo mejor,
más esbelto, y no soy gordo, pero yo estoy viejo. Yo creo que nadie
quiere verme desnudo (risas).
Gustos
Ropa: lo que más barato haya, lo más
caro es lo que he comprado en Arturo Calle. En esto soy chabacano y
provinciano.
Zapatos: calzo 46, por eso mi
hermana me los manda de Estados Unidos o los mando a hacer a un zapatero
de Guaduas.
Accesorios: mis gafas, son de las
mismas que usa Alvaro Uribe.
Perfumes: de los que venden en el
Ley.
Colección : de libros. Tengo una
enciclopedia de 34 volúmenes, de 1910, poseo más de 2.000 libros de
poesía, más de 400 sobre china.
Pinturas: tengo de Caballero,
Góngora, de Szyszlo y pinturas chinas.
Ritual: levantarme a las 4:00 a.m. a
escribir y a trabajar en internet.
Carro: monza modelo 1989.
El Pais de Cali / Mayo 16 de 2004 /
http://elpais-cali.terra.com.co |