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En mi vida he infringido todas
las normas
Enrique Posada Cano
Temas de toda la vida, polémicos y
trascendentales: la homosexualidad y sus derechos como minoría; las
fronteras entre el amor y el egoísmo; los parámetros de una educación
nueva para un hombre nuevo; la libertad de opinión en nuestro medio y
las restricciones y amenazas que sobre ella se ciernen, son tratados
aquí por dos personalidades cuyos estatus intelectuales corresponden,
asimismo, a la seriedad de los mismos tópicos.
Hé aquí a Harold Alvarado Tenorio,
el reconocido poeta Alvarado Tenorio, doctorado en letras de la
Universidad Complutense y ex Director del Departamento de Literatura de
la Universidad Nacional, libre pensador a ultranza. Entre sus libros de
versos recordamos los titulados ‘Fragmentos y Despojos' y ‘Summa del
Cuerpo'.
Supongo que para usted en esta vida no existen
tabúes, y así puedo preguntarle: ¿Es usted heterosexual, homosexual o
qué diablos es?
Yo no tengo una elección sexual
definida. Esa pretensión de que los seres humanos tienen un tipo de
gusto exclusivo o adquieren un gusto para siempre por las cosas, es una
equivocación. En mi vida he hecho todo lo que he querido, y no tengo de
qué lamentarme.
¿Comparte la apreciación de varios críticos de su
obra en el sentido de que usted en su poesía muestra complacencia con el
cuerpo?
No es cierto que todos mis poemas
tienen que ver con la vida erótica, pero en mis primeros libros hay
muchos poemas que cuestionan la vida erótica de los colombianos.
Siempre, tanto en la vida personal como en el arte, infringí todas las
normas, hasta donde pude, aunque nunca me ha gustado ni pregonarlo ni
exhibirlo. Mi vida erótica no puede tildarse de pornográfica.
¿En su poesía, esa sensualidad de que se habla hacia
dónde se dirige?
En mi poesía tanto los hombres como
las mujeres, los animales y las plantas ocupan el lugar que merecen.
Tienen ese misterio y esa gracia del erotismo. La mía es una poesía
ambigua porque así he querido hacerla. Mi propósito siempre ha sido que
la gente se confunda al leerla.
¿Esa ambigüedad de que habla en su
obra puede interpretarse como consustancial a su vida?
No, en mi vida personal nunca he
sido ambiguo. Yo he hecho lo que me ha dado la gana.
¿Comparte usted toda la letra del
proyecto de ley de Piedad Córdoba sobre la legitimación de las uniones
entre homosexuales?
Creo que en Colombia sería no sólo
un acto real sino también simbólico de gran cultura que este tipo de
relaciones pudieran reconocerse ante la ley y que la gente pudiera gozar
de diferentes elecciones. En eso, Piedad Córdoba merece todos los
aplausos, es una verdadera demócrata. Lo suyo es como una ruptura con
una sociedad demasiado conservadora y reaccionaria como es la
colombiana.
¿Una vez derrotado en el Congreso el
Proyecto de ley Piedad, ¿qué pasos cree que deben darse para lograr ese
objetivo?
Habrá que seguir luchando. El
problema no es tanto que se reconozcan o no esos derechos porque, como
dicen los opositores, se los puede obtener por otras vías. Es que ésta
es una lucha ideológica, fundamental. Porque vea, por ejemplo, mi caso:
he sido y soy víctima a menudo de gentes que me tildan de hacer o
escribir cosas como homosexual. Incluso en el edificio donde vivo, he
sido rechazado porque dicen que edito revistas donde publico textos de
homosexuales y que yo mismo escribo poesía homosexual. Por la suposición
de que soy homosexual, me atacan y me discriminan. Mi revista, haga yo
lo que haga, ya está estigmatizada. ¡Este país es una cosa horrible!.
¿Es que ha dedicado gran parte de su
revista a publicar poesía de autores homosexuales?
No, lo que pasa es que hay muchos
poetas homosexuales. ¿Qué culpa tengo yo de que la mayoría de los
grandes poetas españoles sean homosexuales? El último número se lo
dediqué a Luís Antonio de Villena. Como éste es homosexual, viene el
estigma: ¡Ah, es que esa es una revista de maricas!. Pero en esa misma
revista publico a ocho poetas chinos. ¿Qué sabré yo si esos chinos son
maricas o no? Por eso afirmo que este es un problema ideológico. La
gente no debería pretender dictarles a los demás sus normas de vida.
¿Entonces, qué va a hacer: quedarse
en ese apartamento enfrentando todo eso?
Ese es mi apartamento y no me voy a
ir. Si alguien tiene que irse, son ellos. ¡Qué tal que fuera negro!
Negro y marica!
¿La aprobación de la ley Piedad no resolvería
entonces el problema?
Eso trazaría una especie de raya
fronteriza, pero no ceo que resolviera ni la discriminación ni el odio.
Necesitaremos siglos para llegar a eso. ¿Tú no crees que su odio contra
los homosexuales no es el mismo contra las otras gentes de Colombia, el
odio entre ellos mismos? Aquí no se trata de dónde mete uno el pene,
sino de un problema de derechos, de ideologías. ¡Este es un país muy
reaccionario!, y la lucha por los derechos de los homosexuales es apenas
una parte de la lucha contra la reacción.
¿Qué piensa de los opositores
acérrimos a esos derechos como el Sr. Galat?
Que cometen con eso un acto de
barbarie, un acto de la más impresionante sinrazón. Imagínate si
podremos hacer un día en Colombia una reforma agraria. ¿Si se opusieron
a que se casen entre ellos a quienes les dé la gana, te puedes imaginar
si se plantea hacer una reforma agraria de verdad? ¿O que los pobres
tengan derechos? ¡Como se ponen de histéricos para oponerse a que unos
tipos sigan haciendo lo que vienen haciendo desde hace siglos! Porque la
homosexualidad existe desde que existe el hombre.
¿Supongamos que usted es padre o
abuelo de una niña menor de edad que de un día a otro resulta
embarazada. ¿Qué haría usted con ella?
Pues protegerla, ¿qué más voy a
hacer? Si yo no he contribuido a evitar que esa niña quede embarazada,
mi deber es protegerla. ¿O si no, cuál es el deber de uno frente a sus
hijos?
¿Qué haría usted si un día descubre
que esa misma hipotética menor de edad consume droga?
¡Sacarla del problema de las drogas!
Pero es que al hombre, desde que se conoce como tal, siempre le han
gustado las drogas. El cigarrillo, el alcohol, la comida, toda adicción
es droga. El Estado tiene la obligación de combatirla. Pero son muy
hipócritas, porque en Colombia, en Bogotá, por ejemplo, a mí no me cabe
la menor duda de que la policía sabe dónde están las casas donde se
vende bazuco.
¿En el supuesto caso de que usted
fuera rector de un colegio de primaria o bachillerato, entre dos
opciones: la de un homosexual y un heterosexual que se presentaran como
candidatos a maestros con igual hoja de vida, a cuál le daría el cargo?
Primero que todo, yo nunca sería
rector de ninguna cosa, me parece espantoso ser rector de cualquier
cosa, así sea de la santa madre iglesia. En segundo término, a mi me
importa un bledo qué hace la persona con su sexo, lo que me importa es
que rinda en su trabajo. Además, habitualmente los maestros han sido
homosexuales por miles. Y en la iglesia los hay por miles. No sé, es una
cosa muy rara, pero entre más encierro, más homosexuales!
¿Estuvo bien o mal que la
prohibición de la dosis personal se eliminara del texto del referendo?
Esa prohibición de la dosis personal
contenida en el referendo era más una prohibición para los ricos que
para los pobres. ¡Qué dosis personal van a tener los pobres! Los pobres,
ni cigarrillo pueden fumar. Fuman la marihuana, que es más barata. Algo
les debe quedar a los pobres en este planeta tan maravilloso en que todo
mundo fume y fume extasiado, y los pobres, trabaje y trabaje!. Esta es
una sociedad hipócrita! Yo sí creo que la dosis personal debería
prohibirse, pero junto con todas las demás drogas!
¿Está de acuerdo en que en las
fuerzas militares deben ser admitidos gays y lesbianas?
¿Por qué no? ¿Es que los gays y las
lesbianas no pueden disparar? A la gente que anda con perros, ¿por qué
no los escupen? Tú que crees?: a quien anda con perros es porque le
gustan los perros. Y al que anda con una jirafa es porque le gusta la
jirafa. Hay matrimonios entre perros y señoras. Adoran al perro, lo
besan en la boca, en todas partes. Yo vivo con un gato al que bauticé
Borges. Y entonces qué: ¿soy bestialista? Lo beso en la boca, las patas,
la cola y todo. Hay gente que me ve y dice que soy un depravado. Una
vecina mía me grita cosas horribles. Porque dice que soy homosexual y
que tengo una revista homosexual. Y el administrador del edificio, llegó
al colmo de quitarme de la puerta la placa de Arquitrave, mi revista.
¿Está de acuerdo con la pena de
muerte frente a los llamados delitos atroces?
No creo que tengamos derecho a
quitarles la vida a otros. Es mucho más duro estar privado de la
libertad que estar muerto. La vida misma es el tormento, el castigo.
¿Qué significa para usted el amor?
Yo no sé si existirá el amor como
esa cosa que llaman química, yo creo que uno ama a los seres que se le
parecen o que le ayudan, que en algún momento de la vida lo hacen feliz.
Eso es un misterio, yo no tendría manera de explicarlo. Creo que el amor
surge de la necesidad de estar con alguien. Uno no puede estar solo, es
muy duro estar solo, prácticamente imposible. Uno termina por amar,
erótica o no eróticamente, a alguien que quiere estar con uno. Lo demás
es pura mentira.
¿Qué opina de la educación que se viene impartiendo
en el país?
En los últimos cuarenta años, lo que
ha habido es una abolición de la historia. El colombiano no sabe de
dónde viene y menos para dónde va. El Frente Nacional y sus sucesores
borraron de la enseñanza el tema de nuestros conflictos ideológicos
creyendo que así mejoraban las cosas, pero lo que hicieron fue
empeorarlas. Y en materia de cultura literaria, mira los novelistas
contemporáneos colombianos. Compáralos con la época de novelistas del
calibre de Osorio Lizaraso. Compara estas dizque nuevas creaciones, que
en realidad son novelas para arrojarlas en los basureros de los
aeropuertos.
Deme un ejemplo...
¿Qué te parece una novela que
premiaron y que se llama “Satanás”? Siempre me pregunto por qué
premiaron eso. No tiene nada qué ver con la literatura. ¿Para qué es
eso, para qué? No tengo nada contra su autor ni contra su persona, pero
ese libro me parece horrible.
¿Qué tipo de educación contemplaría
para la formación de un nuevo hombre colombiano?
Se debería retornar a la la
educación tradicional clásica, donde a la gente se le educaba para
responder ante el mundo por las cosas. Para crear preguntas y
respuestas. Porque educación es cómo enfrentar los problemas cotidianos
de la vida y cómo resolverlos. No la exclusión, no la ideologización de
sectores de la población para que respondan a los intereses políticos
del establecimiento. La educación tendría que empezar por el lenguaje.
Porque hablar bien es tener poder. Que los jóvenes conozcan las formas
de pensar de los grandes autores. Que en las escuelas se eduque a la
gente en nuestros autores, en la gran producción española y
latinoamericana. Que le enseñen al niño y al joven a conocer su
historia, el pensamiento de nuestros grandes héroes. ¿Como es posible
que en una sociedad como la nuestra se siga ignorando de manera impune
el pensamiento de Bolívar?. Es que nuestras universidades se
convirtieron en un trámite para titular gente. Es algo tenebroso la
barbarización de la educación. Pero si hubiera una educación seria a
nivel de primaria y secundaria, sería muy difícil que a nivel de
universidad tramaran a la gente como lo hacen.
¿Cree que existe libertad de opinión en Colombia?
No existe, y cada día la prensa es
más hegemónica. Eso de que los columnistas sean los mismos todo el
tiempo, es completamente lesivo para la libertad de opinión. Deberían
opinar los que saben. ¿Qué es eso del mismo tipo escribiendo todos los
días sobre todos los temas? Falso. ¿Qué te parecen los escritos de Jota
Mario y de Escobar, este par de analfabetos opinando sobre lo divino y
lo humano en un enredijo, una sabandija de palabras? Collazos es otra
cosa, porque tiene mayor entidad. En vez de poner al mismo columnista a
escribir cada semana, se debería, como en ‘El País' de Madrid, poner a
escribir a quinientas distintas personas, así fuese una vez por año. Eso
sí sería un principio de libertad de expresión. Si hay un tema en el
tapete, que llamen al que lo conoce. ¿De dónde salió eso de que cada
semana el mismo personaje escriba sobre todo? Debe haber salido de los
neoliberales. Los únicos buenos escritores que hay en EL TIEMPO son:
D'Artagnan, porque es agudo y polémico, y Enrique Santos, porque es muy
inteligente, un buen orientador democrático.
¿Y López Michelsen?
¡No, qué horror! A ese señor no le
gusta sino la maldad, estar llevando la contraria, pero no porque le
interesen la nación y el pueblo, sino molestar a alguien, mortificar a
algún sector. Me parece malévolo.
¿Qué piensa del referendo?
Esa no es la manera de meter a la nación como en un redil, sin
reflexión. No, yo no voto eso. Además, lo que buscan con eso es
recoger más plata para dársela a los corrompidos, a los militares y
a los policías, que sólo les gusta el dinero. Es que ahí están, para
muestra un botón, el Plan Colombia, la cocaína del Atlántico, yo no
estoy inventando nada. El Presidente de la República actúa de buena
fe y está haciendo lo que puede, pero no comparto la manera como
hace las cosas. El referendo es un embuchado muy extraño.
Lecturas Dominicales,
Noviembre de 2003 |